Los puntos cardinales de mi mapa vital son las casas de los amigos, las líneas invisibles pero perceptibles para mí que las unen forman una tela de araña donde yo me siento acogida; cuando alguien cambia de casa, se separa o emigra a otra ciudad la tela de araña se queda coja desprotegiéndome un poco o un mucho. Pero la vida es así, está llena de encuentros y de pérdidas, de idas y venidas, de amor y desamor, es la puñetera heracliticidad que cada año que pasa me cuesta más asumir.